
Violencia de género en el ámbito domiciliario: el papel clave de la formación en el cuidado profesional
Por Carla Fernández, Responsable de Dependencia, Calidad e Igualdad de Atès a Casa
Cuidar a una persona en su domicilio implica mucho más que prestar apoyo en las actividades de la vida diaria. Supone entrar en su espacio más personal, conocer parte de su realidad y acompañarla desde el respeto a su forma de vivir, sus relaciones, sus decisiones y su identidad.
Por eso, en Atès a Casa entendemos que la formación continua de las personas que trabajan en atención domiciliaria es también una herramienta para ofrecer unos cuidados de mayor calidad.
Como Responsable de Igualdad de la organización, recientemente he impartido al equipo de auxiliares del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) una formación sobre roles y estereotipos de género, nuevas masculinidades, identidad de género, personas trans y orientación sexual.
El objetivo no es convertir a quienes cuidan en especialistas en estas materias, sino proporcionar conocimientos que nos ayuden a reconocer nuestros propios estereotipos, evitar prejuicios y relacionarnos de forma respetuosa con las diferentes realidades que podemos encontrar en nuestro trabajo diario.
Cuando prestamos un servicio en un domicilio, trabajamos directamente con personas. Y cada persona tiene su propia historia, valores, relaciones familiares, identidad y manera de entender la vida.
Una atención profesional debe partir de esa realidad y evitar que nuestras propias creencias o expectativas condicionen la manera en la que acompañamos.
Esto cobra especial relevancia en un sector como el de los cuidados, donde determinados roles y estereotipos de género han estado históricamente muy presentes.
Durante la formación reflexionamos, por ejemplo, sobre ideas tradicionalmente asociadas a mujeres y hombres: considerar a la madre como principal responsable de la crianza, atribuir a las mujeres las tareas domésticas o identificar al hombre fundamentalmente con el papel de proveedor económico.
Estos roles son construcciones sociales que pueden influir en nuestra forma de interpretar situaciones cotidianas sin que necesariamente seamos conscientes de ello.
Identificarlos es el primer paso para evitar que condicionen nuestra manera de cuidar.
Uno de los conceptos abordados durante el taller fue el de las nuevas masculinidades.
Durante mucho tiempo, la masculinidad tradicional ha estado vinculada a ideas como la fortaleza permanente, la dificultad para expresar emociones o la consideración de los cuidados como una responsabilidad principalmente femenina.
Frente a ello, existen formas de entender la masculinidad basadas en relaciones más igualitarias y en una mayor corresponsabilidad.
Algunos ejemplos son expresar las emociones y pedir ayuda cuando se necesita, implicarse en el cuidado de hijos, hijas, personas mayores o familiares, compartir las tareas domésticas, ejercer una paternidad corresponsable o resolver los conflictos mediante el diálogo y sin violencia.
Hablar de estas cuestiones resulta especialmente interesante en nuestro sector porque cuidar no debería entenderse como una tarea asociada a un género. Los cuidados son una responsabilidad social y compartida.
Otra parte de la formación estuvo destinada a aclarar conceptos que en ocasiones se utilizan como si fueran equivalentes, pero que hacen referencia a realidades diferentes.
Comprender estas diferencias ayuda a evitar confusiones y, sobre todo, facilita una relación profesional basada en el respeto.
La identidad de género hace referencia a la vivencia interna y personal que una persona tiene sobre su propio género; es decir, cómo se reconoce a sí misma.
Durante el taller abordamos diferentes realidades e identidades, entre ellas las personas cisgénero, transgénero, no binarias o de género fluido.
La orientación sexual, por su parte, se refiere a la atracción emocional, romántica, afectiva y/o sexual que una persona puede sentir hacia otras.
Por tanto, sexo, género y orientación sexual no significan lo mismo.
Conocer correctamente estos conceptos nos permite acercarnos a las personas desde el conocimiento y no desde ideas preconcebidas.
Mucho.
El Servicio de Ayuda a Domicilio se desarrolla precisamente en uno de los espacios más íntimos de cualquier persona: su hogar.
Las auxiliares pueden conocer a su pareja, familiares y personas de confianza; participar en rutinas muy personales; acompañar en momentos de vulnerabilidad y establecer una relación profesional continuada con la persona atendida.
Por eso, la calidad de la atención no depende únicamente de realizar correctamente una movilización, apoyar en el aseo o ayudar en determinadas actividades cotidianas. También está relacionada con cómo nos dirigimos a la persona, cómo escuchamos, cómo respetamos sus decisiones y cómo reaccionamos ante realidades diferentes a las nuestras.
Carla Fernández es Trabajadora Social y Responsable de Dependencia, Calidad e Igualdad en Atès a Casa. Especializada en dependencia, ayuda a domicilio y coordinación sociosanitaria, comparte contenidos divulgativos para ayudar a las familias a comprender mejor los recursos y prestaciones disponibles.
Puedes conocer más sobre su trayectoria profesional en su perfil profesional en LinkedIn.
¿Te preguntas cómo hemos ayudado a otras familias? Lee sus experiencias y únete a quienes ya confían en nosotros.
¿Necesitas ayuda para cuidar a tus seres queridos? Contacta con nosotros y descubre cómo podemos facilitar tu día a día.
Analizamos tu caso y las ayudas disponibles para ofrecerte la mejor tarifa en Valencia.